De todos los moles menos el mío…

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El fin de semana tuve una experiencia divertida, hice mi primera salida en bici “fuera de la ciudad”.

Fuimos a la Feria del Mole 2015 en San Pedro Atocpan, Milpa Alta. No tengo idea de cuántos kilómetros fueron pero, según el GPS, desde Universidad y San Borja hasta allá y de regreso hicimos aproximadamente 60km, de los cuales los últimos para llegar al pueblo son de subida, cuando termina la calle y comienza la carretera, saliendo de Xochimilco.

La experiencia fue bastante significativa, vimos a los famosos ciclistas peregrinos (esos que nadie logra alcanzar) y a unos cuantos señores xochimilcas tambaléandose de regreso a sus hogares después de la fiesta, pero lo más relevante fue llegar en bicicleta a un destino desconocido, al menos para mí.

Me gustó mucho el hecho de que en un solo viaje pude hacer muchas cosas muy distintas a las que estoy acostumbrada a hacer los fines de semana. Primero fue el nervio, no sabía a dónde iba y sólo me decían “¡Uy, a ver si llegas, está bien lejos y es pura subida!”. Luego, por fin llegamos después de la súper subida, con la lengua de fuera pero con la satisfacción de haber lográdolo.

Llegamos muy temprano, así que fuimos a recorrer el pueblo en lo que abrían la feria. Conocimos el lugar, visitamos los lugares turísticos y nos encontramos con un local donde sólo venden dulces y cerveza… No parece lo más sano si piensas en el paradigma de lo que es un ciclista, pero una cervecita bien helada después del esfuerzo es lo más cercano a la gloria, aunque apenas fueran las 10 de la mañana… El local, curiosamente, está frente a una capilla muy pintoresca, así que bebimos con la bendición del Señor…. Seguimos pedaleando y, después de la cervecita, todo me pareció más fácil, quería meterme en cualquier caminito por ahí para descubrir otra cosa.

Entramos en la feria y probamos todos los moles, mi novio me dijo “Ten cuidado, no comas mucho que el regreso es lo más duro…”, así que después de probar como 10 moles decidimos comer sólo en dos puestos; el mole estuvo de lo mejor, hubo uno que me hizo recordar el sabor del mole que hacían mi abuelita o mi mamá, sin ningún sabor de más o de menos, con la cantidad exacta de dulce, amargura, sal, picante, todo en orden y acompañado de unas ricas tortillas hechas a mano y calentadas en un comal de barro, como marca la tradición.

Escuchamos a “La voz romántica de Arturo”, y de no ser por las endorfinas generadas en el camino hubiera sido la vía directa a la depresión con aquellas canciones de dolor e incomprensión ¡a las 12 del día!; curiosamente tanto drama fue lo más curioso del viaje.

Decidimos volver temprano para evitar el tráfico de la turisteada que llega a la feria, y la larga subida que apenas logré vencer se convirtió en un deleite de descenso. Sin embargo, cuando regresé a la zona urbanizada me di cuenta de que el paraíso de mi hogar estaba aún realmente lejos.

No quiero ser negativa en este blog, tuve un gran rato paseando y conociendo la ciudad de una forma, para mí, desconocida, pero debo señalar lo difícil que es para las personas que no tienen automóvil acceder a lugares como ése. Como yo, seguramente son muchos los que están cada día más dispuestos a probar otras formas de recrearse, no sé si sea porque ya pasé de los 35 o porque soy millenial o por todas las anteriores pero ya comienzo a buscar formas más “sanas” de convivir, por lo que exhorto a las autoridades a que se animen a realizar excursiones como la que hice yo, sin ayuda de guardaespaldas, con sólo su cuerpo, la bici, un casco y un par de luces, para que experimenten lo difícil que es rodar y caminar en esta ciudad. Es muy difícil subir y bajar puentes peatonales gigantes, aunque los pinten muy bonito, es muy difícil convivir con los automovilistas y el transporte público, criminales al volante, y es muy difícil evitar los baches y las coladeras para no caer y terminar probando un mole más, el mío… Es bien dicho que uno necesita conocer para hablar del tema, por lo que invito una vez más a todos a que conozcan las necesidades de las minorías de la población, y no sólo las de esa mayoría motorizada que lo menos grave que hace es contaminar hasta el tope esta ciudad.

Vayan a la Feria Nacional del Mole, seguirá abierta hasta el 26 de octubre, prueben el mole de Don Pedro y no dejen de escuchar a Arturo, el romántico del mediodía.

http://www.milpa-alta.df.gob.mx/index.php/noticias/79-noticias-mes-de-septiembre-2014/1473-todo-listo-para-la-xxxviii-feria-nacional-del-mole-en-atocpan

http://fiestasmexicanas.info/feria-del-mole-san-pedro-atocpan-2015/

MÉXICO, D.F., 06OCTUBRE2012.- En San Pedro Atocpan, delegación Milpa Alta, se inauguró la 36 edición de la Feria del Mole, la cual estará abierta al público hasta el 28 de octubre, degustando platillos elaborados con mole y comida tradicional mexicana. Acudieron a la inauguración el jefe delegacional de Milpa Alta, Francisco García Flores, así como el Secretario de Turismo Carlos Mackinlay, donde coronaron como reina de la feria a la actriz mexicana Rosa Gloria Chagoyan. FOTO: JOYCE GARCÍA /CUARTOSCURO.COM
MÉXICO, D.F., 06OCTUBRE2012.- En San Pedro Atocpan, delegación Milpa Alta, se inauguró la 36 edición de la Feria del Mole, la cual estará abierta al público hasta el 28 de octubre, degustando platillos elaborados con mole y comida tradicional mexicana.
Acudieron a la inauguración el jefe delegacional de Milpa Alta, Francisco García Flores, así como el Secretario de Turismo Carlos Mackinlay, donde coronaron como reina de la feria a la actriz mexicana Rosa Gloria Chagoyan.
FOTO: JOYCE GARCÍA /CUARTOSCURO.COM
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Sin lugar para los débiles ciclistas…

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Hoy se conmemora el Día Mundial Sin Auto, en las redes sociales circula una serie de eventos para conmemorar la fecha y promover el no uso del automóvil.

Mucho se ha dicho acerca de las consecuencias negativas a la calidad de vida de los ciudadanos y sobretodo al medio ambiente del el uso excesivo del auto, no es el plan de este blog ponerme seria y hablar en términos técnicos del desarrollo urbano, por lo que me limitaré a hacer unas observaciones y preguntas acerca de las propuestas diarias, controversiales y contradictorias de la política promovida en el País y lo que a nivel mundial se propone para hacer ciudades amigables, resilientes y en favor del medio ambiente.

  1. ¿Cómo se evita que la población utilice el paso peatonal elevado y no prefiera exponer su vida al cruzar por la calle?
  2. Si las referencias del desarrollo urbano en México son las propuestas realizadas en países europeos y asiáticos, donde se derriban segundos pisos, se cierran zonas completas de la ciudad y se propone la construcción de ciclovías, paseos para peatones, entre otros, ¿por qué la Ciudad de México y el País en general utilizan como solución urbana y social la creación de puentes “seguros” y culturales en segundos pisos, en lugar de distribuir las vialidades y las condiciones adecuadas para procurar la seguridad de los distintos grupos que las utilizan?
  3. Quienes diseñan la ciudad ¿son conscientes de la dificultad y condición física que se requiere para poder cruzar un puente peatonal cargando una bicicleta, con alforjas, en tacones, con hijos, carreolas o siendo de la tercera edad?
  4. ¿Hay datos estadísticos que utilicen quienes promueven las acciones urbanas en el País acerca de la cantidad de ciclistas y peatones, así como de su nivel socioeconómico y su comparación con los automovilistas?
  5. ¿Hay estudios acerca de los beneficios que produce físicamente la bicicleta así como la reducción de emisiones de contaminantes en comparación con el uso del automóvil y los problemas de salud pública que genera?
  6. Si uno de los intereses es hacer obras de gran envergadura, ¿por qué no proponen hacer ciclovías con celdas fotovoltaicas, como se propuso en Holanda, cerrar el centro a los automóviles como se hizo en Londres o seguir los casos de éxito colombiano de uso de transporte masivo?
  7. En el caso del Corredor Cultural Chapultepec, ¿cómo se mide la inversión no monetaria pero implícita para la cuidad? Llámese tiempo de construcción que implica cambios en los hábitos diarios de la población, contaminación al aire, así como los costos que tendrá la ciudad para proveer la infraestructura y los servicios básicos para el funcionamiento del corredor, ceder o concesionar área de vialidad a un ente privado?
  8. ¿Por qué si la mayoría de la población que utiliza la zona de Chapultepec es flotante y va a trabajar de día y regresa a sus zonas de origen de noche, solo tienen derecho las personas con identificación de la Delegación afectada para dar su opinión en la consulta pública? El proyecto se difunde y vende como el mayor proyecto de infraestructura urbana de la ciudad en este sexenio.
  9. ¿Cómo es que una barrera física como la propuesta en Avenida Chapultepec fomentará el flujo de peatones y ciclistas de una colonia a otra?
  10. ¿Qué pasará con esa construcción concesionada por 40 años en caso de que, por alguna razón ajena al Gobierno, no funcione como espacio en renta o no genere los ingresos esperados?
  11. ¿Cómo se logra que un paso seguro en un segundo nivel sea incluyente para las personas con discapacidad física y adultos mayores?
  12. ¿En qué se utilizará el dinero obtenido por esta concesión y cómo podrá la población saber de manera transparente del beneficio para la ciudad por dicha concesión?

No soy especialista en el tema, he intendado encontrar información gráfica acerca de cómo funcionaría cada uno de los niveles, más allá de las imágenes promovidas; sí sé leer plantas arquitectónicas a diferencia de comentarios que leí en internet sobre el por qué la media de la población no podría entender la propuesta; no tengo auto y soy ciclista urbana amateur y peatón.

Desde mi corta experiencia como ciclista de ciudad puedo decir que lo que hace que yo quiera estar en una zona es su facilidad de recorrido, que pueda ver alrededor sin tener que bajarme de la bici y que, en caso de hacerlo, exista un área segura donde pueda estar mucho tiempo realizando actividades rodando.

No es que yo sea escéptica, pero he intentado seguir con detalle las políticas públicas en materia de sustentabilidad, desarrollo urbano, movilidad y sobre todo de gestión de la ciudad en los últimos años. Deseo que las autoridades atiendan el llamado de la población y sean innovadores también en el modo de elección de soluciones participativas para el espacio público.

A diario leo grandes argumentos que mencionan los avances que sí se han hecho en México para mejorar la vida de los ciudadanos… Ojalá todos los gobiernos de México puedan ser recordados como líderes que escuchan y mejoran la calidad de vida de muchos y no sólo de unos cuantos.

Lo más importante, más allá del discurso, es que deseo que comprendan las distintas formas de movilidad y de necesidades de la población (que somos mayoría); no recurrimos al automóvil por elección, carencia o dificultad pero tenemos necesidad de recorrer y vivir la ciudad de manera eficiente, eficaz y segura.

Les dejo información sobre las políticas de movilidad y el día internacional sin auto.

http://www.consejeria.df.gob.mx/index.php/articulo-leyes-y-reglamentos/27-leyes/930-ley-de-movilidad-del-distrito-federal

https://es.m.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Mundial_Sin_Autom%C3%B3vil

http://libreacceso.org/downloads/MTA.pdf

http://www.portavoz.tv/citas-en-la-calle/

http://centrourbano.com/procdmx-transparenta-ccchapultepec/

http://m.greenpeace.org/mexico/es/high/Noticias/2015/Septiembre/Del-render-a-la-realidad-del-Corredor-Cultural-Chapultepec-/

http://www.ccchapultepec.mx/

El desequilibrio ciclista

  

Comencé a usar la bici hace más de un año porque pensé sería algo positivo, mejoraría mi salud, me uniría más a mi novio quien es fanático de la bici, por fin sería parte de las grandes masas que se sienten parte de algo y además es verde. 

Lamentablemente después de año y medio, un robo y un atropellamiento, esa sensación es casi inexistente. En lugar de sentirme mejor y amar cada día más a la bici, confieso que más allá de ser un objeto de deseo es un objeto de aislamiento. No tengo buena condición física así que no puedo participar en las rodadas, incluso de principiantes. Rodar solo conmigo es de flojera incluso puede decirse que hasta es peligroso porque voy platicando y no me fijo alrededor, mucho menos si voy acompañada pues me emociono y voy pensando que estoy en equipo y que la responsabilidad es compartida, grave error.  Mi personalidad tímida me impide disfrutar una rodada grupal, además que me cuesta trabajo encontrarle el chiste a ir así por la ciudad sin siquiera voltear a ver el paisaje. Rodar en la urbe se vuelve un pleito diario y mi de por sí aprehensiva actitud me pone más nerviosa y a la defensiva. 

Nunca he sido deportista, es más creo que siempre fue un motivo de trauma más que de gozo. Acompañé a mi mamá quien como yo, hizo muchas cosas sola. Soñé con aprender ballet como mis hermanas pero el maestro no me quiso primero por joven y luego por gorda. Mi papá intentó enseñarme a correr pero después de varios intentos la paciencia disminuyó y mejor decidimos ver juntos la televisión. Jugar volley ball o basket se volvió un ridículo en todos los juegos pues me daba miedo la pelota, lo mismo pasó con el fútbol. 

Ahora que he intentado ser ciclista, la sensación a cuando era niña es la misma, me pongo nerviosa porque no se todas los trucos, me siento insegura porque no soy fuerte, me frustro de que no quieran compartir esa parte aunque el discurso sea otro. En la calle te ven cual bicho raro por arriesgar la vida en esta ciudad. Pasas de ser una novedad a ser la terquedad. 

Quizá hoy sea solo uno de esos días en que todo es gris en bici. Tendré que recordar lo que me gusta de ella, sentirme libre y sentirme yo, observando al mundo sin intentar ser parte de él. Nunca he disfrutado las masas ni en las pizzas, quizá vuelva a encontrarle gusto a las ruedas cuando recuerde que la bici no me hace mejor persona y que dista mucho de hacerme yo. 

Me caes bien bicicleta volvamos al origen de nuestra relación, ese espacio y tiempo en el que solo somos tú y yo. 

Inocente ciclista…

incauta ciclista

En momentos como los que viví hoy es cuando te das cuenta de si realmente te gusta ser ciclista urbana o si de plano desistes y te vuelves parte de las mayorías que usan auto, taxi, metro, camión o cualquier otra cosa que no sean las dos ruedas sin motor. Afortunada o desafortunadamente las masas no me gustan ni en las pizzas, por lo que a pesar de todas las vicisitudes que he tenido este año sigo queriendo tener otra biciy continuar dando guerra y disfrutando de esta ciudad de esta manera.

Hoy pasé 5 horas denunciando el robo de mi bici, y después de aguantar vara y hacerle caso a la señora del Ministerio Público y no desesperarme, de repetir mi declaración más de 5 veces, de tener mucho cuidado de cómo tratar a los polis y demás funcionarios,no se vayan a enojar… el comentario final fue: “señora (por mi edad, según el señor que cambió el señorita cuando le dije mi edad, buuu) dudo mucho que pase algo, se lo digo por mi experiencia aquí, si fuera un vehículo, quizás habría más que hacer, pero como es una bici, pues no, a lo mejor sí es cierto que está ya a la venta en una página de internet, como dice, pero no hay forma de poder constatar eso así que tranquilícese… mejor cuénteme, cómo le hace para trabajar y quién cuida a sus hijos en lo que está acá…”.

Además de situaciones como la de hoy, es muy difícil rodar diariamente sin caer en la provocación de la violencia vial de esta ciudad, sin recibir una bola de piropos en la calle si te ven con falda (sobre todo en minifalda), soportar la inclemencia del clima, aguantar el malestar físico causado a los ciclistas y peatones con la precontingencia y contingencia ambiental, sin ser más vulnerable a accidentes mortales, sin ser sujeto de robo con o sin violencia… En fin, pareciera que en la cadena alimenticia de la ciudad uno como ciclista está en un lugar extraño, no es el más vulnerable, como el peatón, pero tampoco se tiene conciencia de que una bicicleta también es un vehículo, un medio de transporte y no sólo un juguete (como me lo recalcaron el día de hoy).

Todos los días en el trabajo, en el periódico, en las redes sociales, con organizaciones gubernamentales y no gubernamentales leo o veo alguna nota relacionada con “la movilidad”, “compromisos con el transporte sustentable”, “ciudad resiliente”, “ciudades compactas”, “promoción del transporte no motorizado”, hasta los candidatos para las elecciones hicieron compromisos firmados ante notario (cosa que ya no me emociona ni me impresiona) hablando y promoviendo el uso de la bici por toda la ciudad. A pesar de ser un tema en boga, del día, importante, que puede ser una forma de ayudar a mitigar la contaminación, de ser una forma más eficiente de transporte, de ayudar a que la gente haga ejercicio y de una serie de posibles maravillas que todos los que en teoría planean las ciudades, sigo convencida de que pocos de los que prometen y promueven este tipo de transporte lo usan.

No soy política o funcionaria pública y mi trabajo no interviene de gran manera a la convivencia de la ciudad, es probable que para muchos yo sea una persona grinch, poco sociable o “rara”, como luego suelen llamarme, pero desde mi pequeño espacio o “mi cocina”, como solía decir mi mamá, puedo ver que la constante citadina es la indiferencia social aunada a una idea errónea sobre lo que es la justicia y la equidad.

A diario leo algún comentario de personas que se quejan de la actitud de muchos ciclistas que se comportan como mártires: “tú eres malo por tu auto, yo soy buena por andar en bici” y cosas similares, odio los extremos, pero hoy confirmé que andar en bici en esta ciudad es un compromiso, un reto y un amor que fácilmente se confunde con terquedad. Sé que hay muchos motivos para pensar mal de los ciclistas, estoy de acuerdo en que la obsesión de algunos promueve el rechazo de otros, pero más allá de lo que opine uno o el otro, creo que lo importante es comprender la gracia de la diferencia para poder convivir en la ciudad. Soy de una minoría que tiene ciertos atributos y que requiere de ciertas condiciones para transportarse segura y fácilmente, uso la bici a diario por mera elección y no como obligación; sin embargo, así como los automovilistas, peatones, personas con discapacidad, madres y padres solteros, ancianos y todos los habitantes del planeta, requiero de ciertas condiciones, de ciertas obligaciones y de ciertos derechos. Es una pena que al vivir en un mundo de mayorías y de masas, no se entienda y atienda de verdad a las minorías.

¡Seamos incluyentes, todos podemos estar en la condición del otro…!

 

 

 

 

 

 

Una chica en bicicleta sin bicicleta…

Pensé que mi mala racha ciclista había concluido con el atropello de hace mes y medio, pero no, parece que la vida insiste en volverme una estadística más de esta gran ciudad.

El sábado 30 de mayo fui de compras, como casi todos los sábados, al mismo supermercado, Soriana del Parque de los Venados, seguí mi costumbre de dejar mi bici encadenada a la puerta de la entrada (para mayor seguridad), tristemente al salir vi que mi bici ya no estaba, como siempre en este País de No Pasa Nada nadie supo qué pasó. Después de voltear, buscar y preguntar, una señora que pide limosna me dijo lo que vio: “Señorita, nada más entró y un hombre de camiseta negra y pantalón de mezclilla se fijó que ya no estuviera, entró a Soriana y salió y en un segundo cortó la cadena y se la llevó, yo no pude decir nada”.

Después de mi travesía de volver a casa con las compras en las manos, llenas de frustración, hice lo que pude, tuitear y buscar ayuda y apoyo moral, la verdad es que la realidad es dura y la indiferencia es peor, con comentarios como “ahí siempre roban”, “se sabe que la calle de atrás es una cloaca”, “qué mala pata”… En fin. Es incluso irónico pues, según esto, la Delegación Benito Juárez es de las más seguras y el edificio delegacional está cruzando la calle, eran las 15:00 horas y el supermercado estaba lleno, no sé ya qué pensar, buscar a un culpable me parece imposible, evito siquiera el pensamiento de acudir a la autoridad a buscar ayuda y frustrarme más por el robo y la negligencia y sólo imagino que en algún lugar probablemente un incauto está comprando mi bici “bara bara”…

Quien haya hecho eso, no solo robó una bici, era mi medio de transporte y  como ya había escrito antes, ese objeto me ayudó a salir de varios hoyos de mi vida, aunque no soy tan fanática de las bicis y puedo prescindir unos días sin ir a rodar, esa bici fue mi amiga, cómplice y compañera de varias batallas…  Lamento mucho el poco respeto de las personas por los objetos del otro, pero lamento más la apatía e indiferencia de las personas, aunque es la realidad, sigo sorprendiéndome al ver que viendo que estaban cometiendo un delito, “nadie hizo algo”…

Primero todos mis malos deseos para la persona que robó mi bicicleta se hacen presentes, después de un rato y un poco de tranquilidad, pienso “ojalá el ratero ande en bici y vea lo que una bicicleta puede hacer, te une a personas e incluso a personas tímidas como yo, ayuda a tener empatía y un mayor cuidado por el otro, la exposición del cuerpo ante esta jungla de asfalto cambia todo…”.

Otra triste nota para este blog, ¡querida bici, gracias…! Pronto habrá otra colega tuya ayudándome a hacer historia.

bici alubike

La resiliencia ciclista…

 

 

Los últimos dos meses han sido muy complejos en varios aspectos de mi vida, personales, físicos, laborales, familiares. Entre tantos consejos y discursos hubo una palabra constante, la resiliencia, “hay que ser resilientes, hay que sobreponerse…”.

He pensado mucho sobre el término y su uso en la vida, en la psicología, para los emprendedores, en términos ecológicos, tecnológicos, hasta las ciudades, el planeta en sí es resiliente, se repone, se adapta y modifica su comportamiento para sobrevivir.

Según un documento de la Secretaría de Medio Ambiente del DF y la firma de un convenio para hacer del DF una ciudad resiliente se dice que

“La resiliencia es la capacidad de un sistema, entidad, comunidad o personas para soportar impactos conservando sus funciones esenciales. La resiliencia también hace referencia a la capacidad de recuperación rápida y eficaz ocasionada por catástrofes, tanto naturales como provocados por el hombre, y que sean más capaces de recuperarse de manera rápida y sólida”.

 

Ayer platiqué con un buen amigo, Ernesto, me dio su visión sobre cómo él considera que se enfrentan los problemas: “en el caso del amor, es el típico fenómeno que duele muchísimo pero que con el tiempo pasa,inevitablemente”, “la muerte es diferente, algunas ausencias con el tiempo se extrañan más”, “la integridad física personal debe ser un trabajo permanente de salir adelante”, “supongo que la muerte de los hijos debe ser lo más difícil de superar”, al final comentó “lo material, pues bueno, duele porque aprieta pero no mata…”. 

  Esta semana comencé a pedalear, dos semanas después de ser atropellada (evento de cierre de mi racha extraña). Confieso que el primer día fue complicado, cada movimiento del pedal fue temeroso, lento y pesado, no lo recuerdo pero supongo que debe ser similar a cuando fui niña y comencé a caminar. Mis piernas aún no tienen mucha fuerza y la cintura me duele en ocasiones, estoy repuesta pero no por completo, sin embargo más allá de si físicamente yo o mi bici estamos bien, he pensado mucho en la resiliencia y en lo que realmente consiste. Después de leer y leer sobre este término y tener, entre muchas otras, pláticas de cómo uno supera los problemas,seguí meditando sobre la forma en que yo enfrento y resuelvo mis problemas y sobre el hecho inevitable de tener que enfrentar las situaciones complicadas diarias; dicen que Einstein dijo que la vida es como andar en bici, no te queda otra más que pedalear y seguir adelante. Yo le agregaría que no sólo subirse, continuar y volver a pedalear; ese claramente es el primer paso, pero es más complejo, pues hay que volver a disfrutar. He andado en bici 4 días y mi respuesta inmediata fue la violencia, la poca paciencia, el odio a ultranza por el descuido de los otros, frustración y miedo porque mi seguridad no depende única y exclusivamente de mi pedaleada. Mi adaptación inmediata a la crisis fue volverme justo como lo que reniego. 

Pienso en mi novio y su frase, “hay que ser pacientes, esperar a que el tiempo haga su trabajo”, o en mi madre parafraseando a mi padre “paz y ciencia, eso es paciencia”; vuelvo a pensar en la resiliencia, en qué consiste, en cómo se “sobrepone uno a la crisis”, pues no sólo es recuperarse rápido y eficazmente, es realmente recobrar el equilibrio, recobrar el sentido, la forma… me subo a la bici y pienso que ser ciclista urbano implica un esfuerzo mayor a ser resiliente, o quizás que debo replantearme ese término y considerarme como una ciudad resiliente o un elemento urbano resiliente, así como la proponen los expertos, y que la lucha constante para poder seguir rodando en esta gran ciudad y a pesar de ella, consiste en ser reflexivos, robustos, flexibles, integrados, renovables, redundantes, inclusivos… saber fluir en el caos de la vida, en ruedas, a pie, motorizado, como sea… Tal vez simplemente también como decía mi mamá hay que sobreponerse y por ningún motivo hay que cambiar, tú sigue siendo tú sin importar las malas experiencias vividas por la respuesta de tu entorno. Otra vez ruedo y vuelvo a disfrutar la bici.

Les dejo un poco sobre el tema de la resiliencia en la ciudad. 

http://www.100resilientcities.org/resilience#

Por un pelito de gato…

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Hoy viví mi primer accidente grave en bicicleta. Iba a trabajar cuando en el crucero de San Borja y Dr. Vertiz, los autos como siempre se adelantaron a cruzar la calle, yo estaba a un lado de la calle cuando una pipa de gas se aventó y un pesero no la vio, la esquivó y no pudo frenar completamente y terminó arrollándome. Yo quise avanzar pero los autos estaban parados y no pude maniobrar, vi cómo el microbús frenó y grité y me moví pero fue imposible evitar el golpe. Gracias a dios, la vida, energía, suerte, como quieran llamarle, no me pasó nada grave, más allá de un buen golpe que me tiene en cama y de un susto gigante.

Tuve suerte de que hubo mucha gente y el señor Rubén, el conductor del camión, muy humanamente se esperó, me ayudó y me llevó a que me revisaran. También se acercó un joven ciclista que ya ni tiempo tuve de preguntarle su nombre pero que me acompañó hasta que alguien de confianza pudo llegar a mi auxilio.

El joven que me ayudó dijo que a él le pasó algo igual y que fue un albañil después de un rato el que bajó de su obra para ver si estaba bien, pues se quedó tirado hasta que alguien lo auxilió. Dice que aún usa una protección en un brazo por aquel golpe. A él le digo desde aquí que no sé quién eres pero muchas gracias… Me atendieron rápidamente.

Aunque claro que me dio miedo, no pienso dejar de ir en bici a la oficina y a donde pueda en la ciudad, al contrario, la quiero usar más, pero sí pienso en que debo buscar una bici más fuerte, hacer más ejercicio, y en que qué bueno que uso casco pues me golpeé la cabeza. También pienso, sobretodo, en un buen seguro de vida para ciclistas, si es que existen, o en algo similar; sin embargo mi desdén por los automovilistas se vuelve más un odio profundo ante la indiferencia citadina.

Mi accidente se debió a la estupidez de cuatro automóviles, un microbús, una pipa de gas, un auto con placas del Edomex y un taxi… Y solamente el microbús, que fue el que me impactó, tuvo la decencia de pararse y ver que estuviera bien. Los demás se fueron, su idiotez fue más importante que mi salud.

Es impresionante la poca empatía de la gente. Ya sé que todos los días se quejan de los ciclistas, que nos creemos superiores, que nos sentimos los “muy muy” y no sé qué tanto, pero no sé cómo explicarle a un conductor que un peatón y un ciclista carecemos de protección, por más que estemos a la defensiva, atentos al camino. Aunque seamos expertos ciclistas, un golpe a un hueso no tiene nada que ver con un golpe a un auto. Seguramente si le hubiera abollado la cajuela o el cofre a alguno de sus autos, estarían detrás de mi cobrándome, pero como no fue así, mi salud o el estado de mi bici nada importan…

Espero no volver a contar historias así y menos propias o de algún conocido, mi novio sufrió otro  accidente junto con un amigo hace semanas por otro conductor, y espero que ojalá un día el automovilista promedio vea lo delicada que es nuestra condición vial, que ponga atención al volante, que no se impaciente, que no use el puto teléfono, que no maneje borracho, que le caiga el veinte de que yo también tengo una vida, una familia y que ser ciclista no me hace un estorbo en su estúpida concepción del espacio y el tiempo vial

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Un paraíso perdido (sí, uno más)…

El plan del fin de semana incluyó una visita en bicicleta al famoso Parque Bicentenario de la Ciudad de México. El trayecto fue miel sobre hojuelas hasta que terminó el recorrido por el ya tradicional Paseo Dominical y tuvimos que enfrentar la realidad vial… un caos.

El parque está en los límites de las Delegaciones Azcapotzalco y Miguel Hidalgo, y el sitio es conocido porque fue la Refinería 18 de Marzo de Pemex, ya como parque se inauguró en 2010 y ha sido alabado por su plan de remediación.

Yo lo conocí por mi trabajo anterior, sin embargo debo confesar que mis visitas fueron estrictamente profesionales y nunca como una simple turista; por lo mismo siempre fui con un equipo, en el auto de la empresa o llegando en el Metro a la estación Refinería para evitar el tráfico.

Esta vez que decidí ir en bici, le pedí a mi novio me acompañara y que de paso conociera el lugar. Ninguno de los dos sabíamos realmente cómo llegar por este medio, preguntamos cerca del “Nuevo Polanco” a un policía si sabía del parque y no tuvo idea de lo que le hablábamos.

Decidimos usar una de las tan famosas aplicaciones del teléfono para que nos diera la mejor ruta, pero como ésta incluía ir por el Periférico, decidimos hacerle caso a la intuición en lugar de hacerle al  “Waze” y andar por el Periférico en bici, ya que en definitiva no era la mejor opción. Subimos por Río San Joaquín hasta llegar a la parte de atrás del parque, donde está aún activa una parte de Pemex. Dimos toooda la vuelta hasta encontrar la entrada principal pero el paisaje no fue nada divertido, hay unas vías de ferrocarril llenas de viviendas efímeras y construidas con los restos de todos los materiales y residuos a la disposición de sus habitantes flotantes.

Fueron unos cuantos minutos muy dramáticos los que tuvimos que recorrer antes de poder llegar a la entrada y descubrir ese paraíso ciclista, y sí, ya sé que muchos  dirán que soy una ciclista fresa o hipster de las zonas bonitas de esta ciudad, y sí, lo acepto, lo confieso, ni modo, no salgo de mi zona de confort ciclista, seguramente habrán peores zonas pero ésta para mí fue bastante tenebrosa, no sólo por ver la falta de infraestructura y señalización sobre cualquier cosa, sino por la calidad de las calles, la rapidez de los autos, y claro, aunque seguramente  fuera en mi mente, la inseguridad por todos lados.

Al entrar al Parque Bicentenario la sensación dio un giro de 180 grados, las personas se veían felices, las familias contentas y los ciclistas emocionados. Mi novio no podía creer que existiera ese paraíso ciclista en una zona como ésta, dentro de Azcapotzalco, dimos unas cuantas vueltas a las 80 hectáreas donde está este lindo parque y la sensación fue en todo momento de sorpresa, un parque urbano realmente habitado por la gente, sin perros y sin gatos, donde puedes ver niños, jóvenes y adultos caminando, jugando, rodando, comiendo, gozando… Una pareja de viejitos descubriendo las flores y disfrutando del lago; niños jugando con los patos del lugar o festejando su cumpleaños, ciclistas con sus bmx haciendo malabares en las rampas o jóvenes platicando y discutiendo sobre el mundo en un pequeño espacio rodeado de árboles, cada parte de la visita te sorprendía más y más, el museo con una exposición de la naturaleza mexicana, un imponente auditorio al aire libre sin usar, un orquideario lleno de flores e imágenes, unas chinampas importadas desde Xochimilco, un grupo de bailarines urbanos con su casco de bici girando en el piso, disfrutando del espacio, todo nos llamaba, hasta una campana donada por un país asiático…

El lugar es increíble, recorrerlo forzosamente te hace imaginar miles de actividades a realizar. ¡80 hectáreas verdes en esta zona de la ciudad! La cantidad de eventos y juegos que podrías montar. Las analogías del parque de si era como oasis en medio del desierto o si era el paraíso después del purgatorio no faltaron. Todo era alegría hasta que mirabas más allá de la barda y veías otra realidad, una serie de casas en mal estado y saber que salir de ahí te obligaría a rodar con esa misma sensación de agobio vial.

El regreso también fue caótico, al no conocer bien la zona nos perdimos, y nos dimos cuenta de que algo estaba mal cuando vimos solo transporte del Estado de México. Después de organizar el regreso, ubicar las grúas de los edificios en construcción y la Torre Mayor, el paisaje fue cambiando hasta llegar al ya conocido paraíso ciclista, donde a pesar de todo el tráfico y los accidentes recurrentes uno se siente más seguro.

El sabor de la visita fue agridulce, da gusto que existan espacios como el Parque Bicentenario, pero da miedo llegar a ellos en bicicleta (o en cualquier medio de transporte); da un poco de esperanza pensar que con el tiempo y todas las leyes y propuestas que impulsan el ciclistmo urbano, en un futuro que espero sea cercano, se integrarán al paraíso ciclista zonas como ésta de Azcapotzalco y se dotará a la población de seguridad y de opciones de acceso y medio de transporte a este hermoso parque.

La Ciudad de México siempre sorprende, ojalá los esfuerzos sumen y no resten, que con cada acción que promuevan para crear un espacio tan agradable como el Parque Bicentenario haya un trabajo en conjunto y un trabajo, sobretodo, urbano, de conexión, de difusión y de transporte para que cada día haya más personas que puedan conocer y disfrutar de un paraíso como que, como éste, brillan en medio del caos urbano.

http://www.parquebicentenario.gob.mx/index.html

parque bicentenario

¡Sí, sí uso calzones!

El sábado se conmemorará otra vez el día internacional de la mujer.  He tenido una gran cantidad de discusiones y disertaciones acerca del género, soy arquitecta y he trabajado en obra y generalmente escucho o leo una serie de comentarios sobre las diferencias entre géneros, algunas muy valiosas, otras que cuestiono por completo.

Mis papás siempre me educaron de manera que mi género no interviniera en mi desarrollo personal o profesional, ayudé a mi mamá a hacer la comida y a lavar los trastes sin sentirme disminuida, y a mi papá a cambiar el chicote del auto y aprender de mecánica sin sentirme masculina. Ahora que soy adulta y convivo con la ciudad en bicicleta, pienso mucho en las diferencias que sí existen aunque una no quiera, pensando siempre en la premisa de que mi género no me frena. 

En los grupos de ciclistas generalmente la proporción de hombres y mujeres es de 7-3 (siendo súper optimista), excepto en las rodadas avanzadas donde la presencia femenina es prácticamente nula. Rodar en grupos mixtos es algo complejo, y si bien acepto y reconozco que sí hay diferencias físicas, también es cierto que el comportamiento femenino es muy distinto; están las chicas bien duras y rudas, las que se llevan rudo con los hombres e ignoran a las mujeres, las que actúan como reinas del grupo, las que lo son, las que pareciera que van a coquetear en lugar de rodar, las que como a mí les cuesta socializar, las que van con su grupo de amigas y no le hablan a otros, las madres que va para llevar a su familia y una que otra que llegó por casualidad.

Aún no participo en una rodada de sólo mujeres, y sí, confieso cierto recelo hacia estas rodadas, ya sea por mi propia experiencia de la infancia y la adolescencia con grupos de solo mujeres y también por esta idea que siempre escuché de mi madre, no hay nada como convivir con todos… 

Una vez leí que las mujeres solemos usar la bici para cargar, cosa de la que dudé al principio pero que confirmé cuando compré la mía, uno de los temas importantes fue que pudiera colocarle un rack para ponerle una canasta o una alforja donde pudiera cargar mis cosas. Mi novio me regaló una alforja que fue la más grande que vendían y aunque yo dije que para qué tan grande en varias ocasiones, he visto que tenía razón y que su tamaño a veces es limitado y siempre que me ve con ella llena me dice ¡te vas a lastimar de cargar tanto!

Mi vestimenta en bicicleta ha sufrido cambios aunque yo no quiera, no todos los zapatos con tacón que uso son adecuados, los que tienen plataforma me impiden tener un contacto real con el pedal y no sé bien con qué fuerza pedalear. Con otros tacones he sufrido el percance de que se atoran. Las faldas y los pantalones muy amplios y largos son peligrosos porque se atascan con el pedal o con las ruedas, algunas faldas son muy pegadas al cuerpo y no puedo mover las piernas, si la falda es muy corta se sube con el pedaleo y pareciera que prácticamente voy sin ropa. A veces he pensado en ponerme un letrero que diga “sí, sí uso calzones y me encanta usar minifalda”, lo haría fluorescente y grande para que todas esas personas que me ven mientras ruedo con minifalda no se sorprendan o tuerzan la cabeza… Le incluiría en letras chiquitas “no, tampoco pretendo parecer afiche derrochando sensualidad en mi bici”… o mejor aún: puto el que lo lea.

Además de las cosas que tengo que cuidar debido a mi vestimenta, sin importar cuál sea, siempre existe la posibilidad de que en alguna parada haya algún comentario como “ay, mamacita”, “qué bonita”, el clásico “¿me das ride?” o “contigo si ando pedaleando”… Tantas notas de “cariño” que a veces me pregunto por qué una puede sentir soledad con tanto “acompañamiento”. No soy una persona muy miedosa pero confieso que sí procuro no andar de noche sola y menos en bicicleta, especialmente en una ciudad insegura como ésta, mi novio siempre me alerta, me dice en qué zonas debo tener más cuidado por la violencia cotidiana y la violencia contra ciclistas que va en aumento. Pero incluso él que rueda y rueda acaba de tener un accidente por culpa, otra vez, de un automovilista. Él está raspado y golpeado, pero uno de sus compañeros fue a dar al hospital con la clavícula rota. 

He pensado seriamente que si promuevo la bici, debo luchar por usarla por sobre todos los medios de transporte. Me he imaginado en distintas situaciones, con mochila, con distinta ropa, de joven, de vieja, si algún día me embarazo ¿qué pasaría? ¿Podría andar en bici con mi panza y hasta qué tiempo? Si llego a ser madre ¿podré, como en algunas ciudades, usar una bici tipo triciclo súper equipada y adecuada para llevar a mis hijos a la escuela o al parque, haciendo tanda con otras madres para que unos recojan y lleven a los niños en bici en lugar de en auto? 

La cantidad de supuestos que me he hecho en la cabeza y su relación con mi género podrían ser infinitos, pero a pesar de mi rechazo a sentir que estoy en desventaja por ser mujer, pienso que sí es cierto que la forma en que percibo la ciudad y en que vivo tiene que ver con esto, desde que sí es cierto que las mujeres nos guiamos por las referencias visuales de los lugares y no por los puntos cardinales. Aunque promuevo la equidad de género a toda costa es cierto que hay actividades más recurrentes en las mujeres que en los hombres, físicamente soy más compacta y es probable que mi velocidad al rodar sea menor que la de muchos hombres… pienso y pienso cuál sería mi visión o mi propuesta más allá del discurso de que por ser mujer necesito de otras cosas. Sé que no está en mi naturaleza y mucho menos en mi educación considerarme más vulnerable por ser mujer pero precisamente por esto creo que sí es importante que además de la infraestructura se eduque a la población sobre estos aspectos. 

Si pudiera hacer mi carta al genio incluiría un diseño con todo lo que implica mi experiencia ciclista, donde se piensen en cosas como el diseño de una bici que considere mi vestimenta, el diseño del casco que no ponga en riesgo mi peinado, el diseño de las estaciones y las bicis de uso público cuyo peso es demasiado, las diferencias de uso que le doy a la bicicleta, como carga, como medio de transporte, como herramienta, la seguridad, la visibilidad de día y de noche que aunque no quiera me vuelve vulnerable, los accesorios que son parte de mi necesidad de movilidad y el tipo de señalización para que pueda guiarme o sentirme orientada en esta gran ciudad. 

Me gustaría que se cambiara el discurso y que la visión o perspectiva de los que diseñan las ciudades y promueven la bici contemplen todas las opciones que un ciclista necesita sin importar el género, la edad o el contexto, sin volverme un cliché o actuar de una forma que no cuadra con mi pensamiento, sin tener que recurrir a esa diferenciación que limita y no que invita. 

Aquí les dejo la información sobre la rodada de altura…http://www.mujeresenbici.org/

american girl

¡Cigarrito… tun tun!

Mi recorrido diario para ir al trabajo es de cuatro kilómetros. Después de un año rodando he descubierto una ruta amigable y no tan peligrosa. Recuerdo las indicaciones de siempre, conserva tu derecha, voltea a ver si viene alguien, rueda rápido, respeta al peatón, contacto ojo a ojo,  siempre ve a los ojos del conductor o de cualquiera…
A pesar de que el recorrido es el mismo, cada día es distinto, un camión de pasajeros que se atraviesa, el microbús que hace parada cada que se lo piden, el auto que abre la puerta y no ve que está pasando un ciclista, automóviles que dan vuelta a la derecha, circulando por el carril izquierdo y que no ponen la luz direccional… todos los días un riesgo nuevo pero viejo.

Cualquiera pensaría que son suficientes las cosas en las que debo fijarme a diario, sin embargo últimamente me he topado con otro riesgo que no tenía contemplado… los fumadores, sí, así como lo leen, los fumadores. No me refiero a los fumadores que comparten conmigo y con la gente a su alrededor los más de 4000 compuestos químicos que se liberan con cada cigarro, tampoco a aquellos fumadores que también son ciclistas (aunque mi lógica diga que por ser deportistas no tendrían por qué fumar) sino a aquellos fumadores que van en sus autos y sacan por la ventana su brazo para tirar su colilla o para compartir el humo que echan mientras van manejando.

No había tenido el “tino” de vivir esta experiencia hasta hace poco que conocí la práctica ciclista que llaman “ratonear”, que es andar en medio de los autos para avanzar en el tráfico. La primera vez que lo hice fue en una rodada grupal, una vez que aprendí en qué consiste y que vi su utilidad, me decidí a hacerlo por cuenta propia pero, aunado a tanta cosa a la que debo de temer, me llegó ese momento en el que choqué con un cigarro y viví la experiencia de una quemadura en la ropa y de otra en la mano.

Mi respuesta inmediata fue alzar la voz y decirle al conductor del auto que pusiera atención. Después de mi ya tradicional disputa por el espacio ciclista, y a fin de verificar si tengo o no el derecho a reclamar, me puse a revisar la ley de esta ciudad, y la Fracción XI del artículo X del Reglamento de Tránsito del DF dice que el conductor tiene prohibido “sujetar aparatos de telecomunicación u otros objetos que representen un distractor para la conducción segura del vehículo”. Como muchas leyes, al no estar especificados qué objetos pueden distraer la atención del conductor todo se presta a la interpretación, además de que para mí, como una simple ciudadana, es muy complicado definir los límites de los actos de los otros y sobre todo en el espacio público. Un amigo muy querido siempre dice que “cada quién decide cómo morir”…. por lo que me resulta muy complejo prohibir a alguien que fume en una vialidad, y dentro de un espacio de propiedad privada (su auto). Seguramente existe una serie de recursos legales que dirá que mi reclamo en esta ciudad no aplica, sin embargo no estaría de más repetir todo lo que ya se les ha dicho acerca del cigarro mientras se conduce, que un automovilista reduce su atención al encender el cigarro, del peligro que implica ocupar una sola mano al conducir, de la pérdida de atención al buscar un cenicero, que las cenizas que tiran al aire pueden caerle a un peatón o ciclista y entorpecer su vista aumentando su riesgo de sufrir un accidente, además de los efectos negativos que se producen en el fumador, afectan su atención, su visión y su nivel de vigilancia (habilidades que se requieren al conducir un automóvil)…

Está muy de moda el término “sensiblización”, casi tan famoso como la promoción de la bicicleta o el transporte no motorizado como parte de la “nueva forma de hacer ciudad”; sé que me leo reiterativa en mi lucha por el cuidado al ciclista, pero sólo quisiera “sensibilizar”, aunque realmente sería concientizar a todos aquellos con los que comparto la vialidad y el espacio público para que procuren un poco más al otro.

Por favor, volteen atrás antes de sacar su brazo y su cigarro encendido por la ventana, ya sé que da hueva, que es el instinto, que es su derecho y toda una larga lista de motivos y justificaciones por la cual sería “absurdo” hacer una cosa así, en especial cada vez que se enciende un cigarrillo (pensando en la cantidad de cigarros encendidos al día y las horas que pasan los automovilistas varados en el tránsito), pero los invito a que mediten un poco en esto: un ciclista ya tiene un alto riesgo de ser atropellado, particularmente en una ciudad como ésta, los efectos negativos por la exposición a la contaminación son más altos que los de un automovilista, por lo que además sufrir una quemada en el cuerpo o en la ropa por el descuido del otro, es una experiencia innecesaria y con muy poca gracia.

Les dejo el reglamento por si tienen ganas de leer:  http://www.df.gob.mx/index.php/reglamento-de-transito-metropolitano

http://www.circulaseguro.com/fumar-al-volante-otra-distraccion-mas/

http://notabaco.blogspot.mx/2006/04/conducir-vehculos-y-fumar-una.html

 

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